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El valor estratégico de la economía del dato: claves y recursos para la competitividad del sector IT. 

La economía del dato se ha consolidado como un pilar fundamental para la modernización de las organizaciones, transformando la manera en que se toman decisiones y se diseñan servicios.

No se trata únicamente de acumular grandes volúmenes de información, sino de un conjunto de actividades orientadas a generar valor real mediante su recogida, análisis e intercambio seguro, convirtiendo los datos en una herramienta estratégica para la innovación y la eficiencia operativa.

Para acompañar a las empresas y centros tecnológicos en este proceso, el Centro de Referencia de la Economía del Dato (CRED), dependiente de la Dirección General del Dato, ofrece recursos especializados, guías y conocimiento práctico para facilitar el uso y aprovechamiento de los activos digitales con plenas garantías de seguridad y confianza.

Para las entidades del ecosistema innovador y el sector IT, el desarrollo de la economía del dato presenta las siguientes claves y retos estratégicos:

Impacto económico y empleo: las previsiones apuntan a que este mercado alcanzará el 5,3 % del PIB europeo en 2030, impulsando la creación de empleo cualificado, hasta llegar a cerca de 686.000 profesionales vinculados al dato en los próximos años.

Soberanía y autonomía tecnológica: el uso organizado de la información refuerza la capacidad de competir y adaptarse a los cambios tecnológicos, mejorando la autonomía de los sectores productivos frente a terceros mercados.

Sinergia con la inteligencia artificial: la IA amplía las posibilidades de análisis y detección de patrones, aunque exige un mayor rigor en la estructuración y documentación de los datos para garantizar la fiabilidad de los resultados.

Superación de barreras operativas: persisten desafíos como la falta de perfiles especializados, la complejidad de los mecanismos de intercambio y la dificultad de integrar el uso del dato en la operativa diaria de las organizaciones.

En definitiva, la transición hacia una economía del dato madura implica pasar de decisiones basadas en la información disponible a una estrategia estructurada y medida, donde el intercambio de información en espacios seguros sea el motor de nuevos modelos de negocio y políticas públicas más precisas.

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